Contrato social - Historia

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Teoría del contrato social

La teoría del contrato social es una filosofía política que cuestiona los orígenes de la sociedad y la legitimidad del control gubernamental sobre las personas individuales. Es un argumento de que todos los hombres tienen la obligación de & # 8220 hacer con los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti. & # 8221 El filósofo del siglo XVII Thomas Hobbs señaló que, si la gente no está dispuesta a dejar de lado algunos de sus propios deseos, en favor del bien de todos, la sociedad sólo puede existir en el caos. Para explorar este concepto, considere la siguiente definición de la teoría del contrato social.


Contexto histórico del contrato social

los Discurso sobre la desigualdad La concepción del hombre natural, no corrompida por las instituciones sociales y los sistemas de distinción artificial, se encuentra en el trasfondo de la obra posterior de Rousseau, Sobre el contrato social. Como Platón y Maquiavelo antes que él, Rousseau se negó a separar las preocupaciones de la política y la ética de las de la educación. Y así, mientras Rousseau Discurso trata la naturaleza humana, su seguimiento funciona Emile y Sobre el contrato social (ambos publicados en 1762) exploran el tipo de educación y orden político que mejor se adapta a esta naturaleza.

Mass Shootings of Nantes, 1793. (Wikimedia Commons) Aunque murió 11 años antes de la Revolución Francesa, las obras de Rousseau a menudo han sido culpadas de sus excesos.

El lugar de la autoridad política democrática está en el centro de Sobre el contrato social, en el que Rousseau propone un concepto notoriamente difícil: la "voluntad general". Como él lo explica, la voluntad general no es expresamente lo que uno podría esperar que surja de la deliberación y el voto democrático, es decir, ni la suma de todas las preferencias individuales ni el consenso de la mayoría. Más bien, la voluntad general es algo así como el bien común o el bienestar general, pero sin referencia a los intereses egoístas particulares de los individuos. Esto presenta un dilema: ¿Cómo puede una política democrática del mundo real como la que describe Rousseau resolver legítimamente los conflictos entre el yo y la sociedad? Gran parte de Sobre el contrato social está dedicado a esta pregunta, aunque la respuesta de Rousseau no ha logrado satisfacer a muchos críticos, tanto en su tiempo como en el nuestro.

A la luz de las críticas radicales de Rousseau, no solo de las instituciones sociales y políticas existentes, sino de otros pensadores que abogan por alternativas basadas en la razón, los académicos han debatido durante mucho tiempo si Rousseau es una Ilustración o anti-Ilustración filósofo. Quizás sea más exacto caracterizar su pensamiento como si estuviera a caballo entre los movimientos de la Ilustración y el Romántico. Escrito en una época totalmente enamorada de la idea de que todos los problemas humanos son susceptibles de razonamiento, las obras de Rousseau enfatizan problemas imprevistos que pueden surgir cuando los aspirantes a reformadores y revolucionarios ignoran la naturaleza humana y el poder del afecto. Rousseau argumentaría, por ejemplo, que la razón engendra egocentrismo y aliena a los individuos unos de otros. Y en el Contrato social, argumenta que, por lo tanto, debemos reformular nuestra comprensión de la política democrática.

Como la época y el propio autor, la obra de Rousseau desafía una clasificación ordenada. Los cambios que desató el siglo XVIII fueron desastrosos para quienes vivían en ese momento y fundamentales para el mundo moderno que conocemos hoy. Desde el movimiento Enclosure en Inglaterra y la Guerra de Sucesión de Austria, hasta la era de los Reyes Iluminados, el contexto de la vida y la época de Rousseau encuentra su camino tanto en la página como entre las líneas de sus obras. Se dice que Napoleón dijo de Rousseau: "Hubiera sido mejor para la paz de Francia si este hombre nunca hubiera existido". Por desgracia, no fue ni el primero ni el último en lidiar con las provocadoras ironías y ambigüedades del pensamiento de Rousseau.

Escrito por Seth David Halvorson, Departamento de Filosofía, Universidad de Columbia.


El resumen del contrato social

Comienza Rousseau El contrato social con la notable frase "El hombre nace libre, pero en todas partes está encadenado". Debido a que estas cadenas no se encuentran en el estado de naturaleza, deben ser construcciones de convención. Rousseau busca así la base de una autoridad política legítima en la que las personas deben renunciar a su libertad natural. Establece dos condiciones para una política legal y crea varias cláusulas para garantizar que se cumplan. Primero, no debe haber relaciones de dependencia particular en el estado, y segundo, al obedecer las leyes, un individuo solo se obedece a sí mismo.

La solución de Rousseau al problema de la autoridad legítima es el "contrato social", un acuerdo mediante el cual las personas se unen para su mutua preservación. Este acto de asociación crea un cuerpo colectivo llamado "soberano". El soberano es la autoridad suprema en el estado, y tiene su propia vida y voluntad. El interés soberano, o la voluntad general, siempre promueve el bien común. Esto contrasta con la voluntad privada de cada ciudadano, que se esfuerza solo por el beneficio personal.

La ley expresa la voluntad general y solo debe dictar reglamentos que afecten a toda la población. El objetivo de la legislación es proteger la libertad y la igualdad y promover el bien común. Sin embargo, es posible que las personas no siempre sepan cómo perseguir el bien común y pueden necesitar la ayuda de un legislador para guiarlos en la elaboración de leyes. El legislador evita que los intereses privados influyan en la legislación y ayuda a la población a sopesar los beneficios a corto plazo con los costos a largo plazo.

Aunque el soberano ejerce la autoridad legislativa, el estado también necesita poder ejecutivo para implementar la voluntad general. Hay tres tipos principales de gobierno: democracia, aristocracia y monarquía. El tipo se elige en función de varios factores, incluida la población y el clima. Los gobiernos más pequeños tienen más fuerza que los más grandes y la población se vuelve más rebelde a medida que crece. Por tanto, Rousseau sostiene que, en general, debería haber una relación inversa entre el tamaño del gobierno y el tamaño de la población. Por tanto, los estados grandes deberían tener una monarquía, los estados intermedios deberían tener una aristocracia y los estados pequeños deberían tener una democracia.

Rousseau afirma que el establecimiento del gobierno no es, como han argumentado filósofos como Hobbes y Grotius, un contrato. El soberano emplea al gobierno como representante de los encargados de ejecutar la voluntad general. Así, el soberano puede alterar la forma de gobierno y reemplazar a sus líderes a su elección.

Como la tendencia natural de todo gobierno es usurpar la soberanía e invalidar el contrato social, los intereses del gobierno siempre están en conflicto con los del soberano. La mejor forma de frenar al ejecutivo es la celebración de asambleas periódicas. Aunque esto pueda parecer difícil, Rousseau cita a la Antigua Roma para demostrar que esto se puede lograr incluso en estados grandes. Cuando la gente se reúne, debe decidir si aprueba la forma actual de gobierno y sus líderes.

Las asambleas periódicas pueden prolongar la vida de un estado, pero eventualmente todos los estados caerán debido a las usurpaciones del gobierno. Sin embargo, todos los ciudadanos deben cumplir con sus deberes cívicos mientras exista el estado. No pueden emplear representantes para articular la voluntad general porque la soberanía no se puede transferir. Tampoco pueden usar el dinero para eludir sus responsabilidades, porque esto corrompe al estado y destruye la libertad civil.

Al votar, cada persona debe evaluar si una ley está de acuerdo con la voluntad general, no si apoya sus intereses privados. Por lo tanto, tiene la obligación de seguir incluso aquellas leyes a las que no da su consentimiento. En un estado saludable, la gente comparte un sentimiento común y muestra unanimidad en las asambleas. En un estado en declive, la gente coloca sus intereses privados por encima del bien común y trata de manipular el proceso legislativo.

Aunque el soberano debe permitir las libertades religiosas de sus miembros, puede imponer un conjunto de valores que son necesarios para ser un ciudadano "bueno". Este sistema de creencias, que Rousseau llama "religión civil", consiste en la creencia en un Dios y en el más allá, la justicia universal y el respeto por la santidad del contrato social. El estado tiene el poder de expulsar del estado a cualquiera que se oponga a los principios de la religión civil.


El pasado y el futuro del contrato social de Estados Unidos

En el siglo XX, Estados Unidos pasó de una economía basada en salarios altos y beneficios confiables a un sistema de salarios bajos y precios al consumidor baratos, en detrimento de los trabajadores. ¿Qué sigue?

El problema de los bajos salarios ha dominado los titulares este año gracias a los trabajadores de la comida rápida en huelga, los empleadores sordos y una serie de campañas exitosas para aumentar los salarios mínimos estatales y locales.

Detrás del ciclo de noticias, sin embargo, hay un problema más profundo que lo que Walmart o McDonald's pagan a sus trabajadores hoy. Los estadounidenses están luchando una vez más con lo que fundamentalmente quieren del contrato social: el trato básico que la mayoría de nosotros podemos esperar de la economía a lo largo de nuestras vidas.

Hace una generación, el contrato social del país se basaba en salarios más altos y beneficios fiables, proporcionados principalmente por los empleadores. En las últimas décadas, nos hemos movido a un sistema en el que se supone que los bajos salarios son soportables por los bajos precios al consumidor y una mezcolanza de programas de asistencia del gobierno. Pero a medida que ha aumentado la insatisfacción con este arreglo, es hora de mirar hacia atrás, ver cómo llegamos aquí e imaginar cuál podría ser la siguiente etapa del contrato social.

La historia del contrato social moderno se puede dividir en dos partes, la primera a partir de las secuelas de la Gran Depresión. La era del New Deal de la década de 1930 a la de 1970 se definió en gran medida por salarios altos y crecientes, que fueron impulsados ​​por sindicatos fuertes, competencia global limitada, precios bajos de la energía y las materias primas, y regulaciones más estrictas para las empresas. Al mismo tiempo, la capacidad de automatizar e innovar en el sector manufacturero dominante hizo posible ofrecer a los trabajadores una remuneración alta y, al mismo tiempo, mantener bajos los precios de los bienes de consumo.

Pero el contrato social no solo abarcaba los cheques de pago. Durante el auge de mediados de siglo, muchos empleadores, liderados por gigantes industriales como General Motors y General Electric, actuaron como "capitalistas del bienestar" que también eran los principales responsables de proporcionar beneficios como una pensión a los trabajadores y sus familias. Parte de la motivación era cultural: antes de que la noción de capitalismo de accionistas se arraigara en la década de 1980, las empresas lo veían como parte de su misión de actuar en interés de todos sus grupos de interés, incluidos los trabajadores y sus comunidades, más que en el interés de inversores solos. Sin embargo, las empresas también favorecieron el arreglo porque proporcionar beneficios a los trabajadores directamente les dio cierta influencia contra los sindicatos. En última instancia, el contrato social capitalista del bienestar se convirtió en la norma.

Sin embargo, a partir de la década de 1980, el contrato social experimentó un cambio profundo. La desregulación de la industria, el aumento de la competencia global y el aumento del costo y la volatilidad de las materias primas llevaron a las empresas a alejarse del consenso de la era del New Deal. En su lugar creció lo que llamamos el “contrato social de bajo salario” que ha dominado hasta el día de hoy.

Después del New Deal, un trato peor

El contrato social de bajos salarios busca equilibrar los bajos salarios del sector privado con bienes de consumo baratos, impuestos bajos y subsidios gubernamentales que aumentan los ingresos después de impuestos. ¿Qué significa esto en la práctica? Las importaciones baratas de países como China son una gran parte de esto, al igual que políticas como el Crédito Tributario por Ingreso del Trabajo y el Crédito Tributario por Hijos que permiten a Washington complementar el salario de los trabajadores de bajos ingresos a través del código tributario.

Los defensores del contrato social de bajos salarios tanto en la izquierda como en la derecha han argumentado que la combinación de bienes baratos e impuestos bajos debería dar a los consumidores más poder adquisitivo del que tendrían en una economía de altos salarios y altos precios. En un famoso artículo titulado "Wal-Mart: una historia de éxito progresivo", Jason Furman, ahora presidente del Consejo de Asesores Económicos del Presidente, argumentó que el modelo de salarios bajos en realidad mejoraba la situación de los consumidores de bajos ingresos en general.

Para muchos, sin embargo, el trato claramente ha fracasado. Es cierto que los créditos fiscales y los bienes baratos han mejorado el nivel de vida de los trabajadores empobrecidos. Sin embargo, según la Medida de pobreza complementaria de la Oficina del Censo, que tiene en cuenta los subsidios salariales y los costos adicionales como impuestos y costos médicos, casi el 10 por ciento del total laboral la población aún vive en la pobreza. Esto incluye aproximadamente a 5 millones de estadounidenses que trabajan a tiempo completo durante todo el año.

Una razón clave de esto es que el contrato social de bajo salario no ayuda mucho a las familias en las áreas que más lo necesitan. La ropa, la comida y otros artículos que se encuentran en Wal-Mart pueden ser baratos para los trabajadores con salarios bajos. Pero otros servicios necesarios (atención médica, guardería, cuidado de ancianos y universidad) se han vuelto simultáneamente menos asequibles y más importantes, ya que la mayoría de las madres trabajan fuera del hogar y la prima salarial para la universidad sigue siendo alta. En 1960, la familia promedio gastó alrededor de $ 12,000 en dólares ajustados a la inflación en cuidado de niños, educación y atención médica en el transcurso de 17 años criando a un niño. Cuatro décadas después, la familia promedio gasta casi $ 63,000 por niño. Los gastos médicos de bolsillo ahora empujan a más personas por debajo de la línea de pobreza de lo que los créditos fiscales pueden elevar por encima de ella.

El contrato social de bajos salarios también ha contribuido a la falta de demanda agregada. Debido a que los trabajadores también son consumidores, y debido a que los hogares de bajos ingresos gastan más de su dinero que los hogares más ricos, el sistema de salarios bajos limita el poder de los trabajadores para ayudar a que la economía crezca mediante la compra de bienes y servicios.

El próximo contrato social

Así es como llegamos aquí, pero ¿qué nos depara el futuro?

Si bien el contrato social de "bajos salarios" puede no ser una ganga para muchos trabajadores, no se puede pretender que podemos volver al antiguo sistema de la era del New Deal. La combinación de condiciones que permitieron salarios altos, ganancias altas y precios bajos ya no existe en una economía basada en servicios con empleo más inestable y en la que el número decreciente de empleos manufactureros está más sujeto a la competencia global. Y aunque el modelo capitalista del bienestar benefició a muchos en la clase media, a menudo excluía a los trabajadores afroamericanos y dependía de un modelo familiar basado en un único sostén de familia masculino. El próximo contrato social debe adaptarse a estas nuevas condiciones económicas y promover los enormes avances que hemos logrado hacia la igualdad de las mujeres y las minorías en la fuerza laboral.

Entonces, ¿cómo sería un mejor contrato social?

Primero, podríamos aceptar la forma básica de la economía de bajos salarios mientras suavizamos sus bordes pidiendo al gobierno que haga aún más. Con impuestos más altos para los ricos, Washington podría usar el código tributario para proporcionar a las familias pobres y de clase media subsidios más generosos con base en los recursos para pagar el cuidado de los niños, la educación y la atención médica. Desde la era Clinton, gran parte del Partido Demócrata ha adoptado esta versión del contrato social. Es esencialmente el modelo detrás de Obamacare.

La desventaja, además del desafío de aumentar los impuestos, es que los subsidios no garantizan la asequibilidad. Incluso pueden alentar a las industrias a subir sus precios como, por ejemplo, la proliferación de préstamos estudiantiles baratos, que no han hecho que la universidad sea mucho más asequible. Es más, los programas para los pobres sujetos a prueba de recursos a menudo carecen del apoyo político necesario para mantenerlos fuertes.

Otra posibilidad, que agradaría a muchos progresistas, sería impulsar la economía hacia un modelo socialdemócrata como el de Escandinavia. Este contrato social implicaría salarios altos, un alto costo de vida y un estado de bienestar universal pagado con impuestos altos y relativamente planos.

Pero trasplantar el modelo nórdico en su conjunto a Estados Unidos sería difícil frente a la feroz resistencia a niveles más altos de gasto. También sería difícil importar un sistema de beneficios pagados por impuestos amplios y planos, como impuestos sobre la nómina y los impuestos al consumo, en un país como Estados Unidos con una desigualdad mucho mayor.

En nuestro propio trabajo en la New America Foundation, hemos esbozado una tercera idea que llamamos el "contrato social de ingresos medios". Supone que muchas industrias de servicios no podrán ofrecer a sus trabajadores salarios de ingresos medios, lo que significa que, además de aumentar un poco los salarios, el gobierno tendrá que tomar un papel más activo en la prestación de servicios esenciales como educación, cuidado infantil. y atención médica más asequible. La mejor manera de hacer esto es proporcionar estos programas directamente, como a través de Pre-K universal, seguro médico de pagador único o subsidios a los estados para el cuidado de los ancianos. Los formuladores de políticas pueden comenzar a construir un contrato social de ingresos medios aumentando el salario mínimo federal más cerca de un salario digno real y expandiendo la educación pública temprana, las cuales son propuestas ampliamente populares.

El actual contrato social de bajos salarios entre los trabajadores estadounidenses, los empleadores y el gobierno ha sido un trato injusto para la mayoría de los estadounidenses. Así como el contrato del New Deal cambió al modelo de salarios bajos, necesitamos cambiar una vez más a un sistema más adecuado a la economía actual y las necesidades de los trabajadores y ciudadanos. Las opciones para el próximo contrato social son muchas, solo tenemos que elegir el correcto.


Teoría del contrato social: significado, origen y desarrollo

Después de leer este artículo, aprenderá sobre la teoría del contrato social: - 1. Definición y significado de la teoría del contrato social 2. Origen y desarrollo de la teoría del contrato social 3. Colaboradores 4. Versión moderna.

Definición y significado de la teoría del contrato social:

En las ciencias sociales y particularmente en las ciencias políticas, el concepto de contrato social es muy conocido y popular, aunque muchos cuestionan (y bastante razonablemente) su historicidad. Aún hoy, muchos científicos políticos de renombre quieren basar la teoría del contrato social como el punto de partida de sus teorías.

Por ejemplo, John Rawls cree que el contrato social puede tomarse como el foco principal de su teoría de la justicia. Esta es la teoría del contrato social.

Michael Lessnoff ha dado una definición auténtica de contrato social en su parte introductoria de Contrato social.

& # 8220Una teoría del contrato social puede definirse como aquella que fundamenta la legitimidad de la autoridad política y las obligaciones de los gobernantes y súbditos en un contrato o contratos con premisa relacionados con estos asuntos & # 8221.

Hay otra definición: & # 8220 Un contrato entre personas en una condición prepolítica o presocial que especifica los términos en los que están preparadas para ingresar a la sociedad o someterse a la autoridad política. & # 8221

El contrato social se puede definir como un instrumento o mecanismo con la ayuda del cual las personas ingresan a una nueva sociedad. O es un medio de transición de una etapa a otra y más específicamente del estado de naturaleza a la sociedad civil o sociedad política. Esta transición está guiada por ciertas condiciones o términos y el contrato social incorpora esos términos y condiciones.

Ya hemos señalado que el contrato social es un instrumento que proporciona ciertos términos y condiciones. Algunas personas afirman que no están legalmente obligadas a llevar a cabo las instrucciones de una autoridad superior o la autoridad puede decir que no está legalmente obligada a cumplir con tales obligaciones. En esa situación, la teoría del contrato social puede utilizarse como arma.

La autoridad ya se ha comprometido a realizar tal o cual función o, nuevamente, las personas contratantes están obligadas a obedecer ciertas reglas establecidas en el contrato. Por tanto, podemos decir que es un documento que contiene ciertas condiciones que unen tanto a los gobernantes como a los gobernados.

Por lo tanto, encontramos que el contrato social contiene algunos términos y condiciones que unen tanto al gobernante como a los gobernados. Pero esto no es todo. Estas condiciones son legítimas. Esto se debe a que al momento de la finalización del contrato ambas partes se comprometieron a obedecer los términos y condiciones y lo hicieron ensamblando en un lugar abierto.

En otras palabras, se utilizaron métodos democráticos puros para finalizar el contrato. Naturalmente, nadie puede violar los términos y condiciones del contrato. La teoría del contrato social también se define como la base de la autoridad política.

¿Qué significa? La autoridad o el gobernante o el gobierno realiza ciertas funciones y el público en general puede elevar la legitimidad o la utilidad de esas funciones. Como también, los gobernados pueden negarse a cooperar con la autoridad o el gobierno con respecto a cooperar con el gobernante.

Todas estas preguntas se resuelven fácilmente invocando los términos y condiciones del contrato social. Naturalmente, el contrato social puede considerarse una fuente de autoridad política. El gobierno alegará que ha sido autorizado por el contrato para hacer esto. O el público en general puede afirmar que sus funciones están respaldadas por los términos establecidos en el contrato.

El contrato es la fuente vital o más importante de consentimiento. En la Edad Media o incluso antes de eso, se creía generalmente que todos los hombres son iguales y, naturalmente, uno no puede imponer su voluntad o decisión sobre otro. Si uno desea realizar ciertas tareas con otros, debe buscar su consentimiento u opinión.

Dado que no es posible buscar una opinión sobre todos los temas, existirá un acuerdo o contrato general que proporcionará las pautas. Este contrato general excluye el alcance del acuerdo repetido.

Un acuerdo general será la estrella guía para todas las acciones futuras. Por tanto, el contrato social puede definirse como el titular de un consentimiento general. Un contrato social es un documento legal. Ha sido firmado y finalizado por ambas o todas las partes.

Dado que todo el mundo dio su consentimiento, no fue posible negar o negarse a dar su consentimiento. Pero la cuestión del consentimiento nunca es unilateral, siempre es bilateral o multilateral.

Que todas las partes del contrato están legalmente obligadas a actuar de acuerdo con los términos del contrato. Naturalmente, los dos aspectos más importantes del contrato son el consentimiento y la legalidad o, en otras palabras, la legitimidad.

De ahí que podamos decir que el contrato social es un documento legal basado en el consentimiento de todas las partes que estaban presentes en el momento de la finalización de los términos y condiciones del contrato y una sociedad u organización política que fue creada por este contrato legal también es una organización política legal.

Así, un documento legal llega a ser la fuente potencial de muchos otros aspectos legales. Algunos pueden plantear la cuestión de la importancia o autenticidad del contrato como fuente de la base de la sociedad política. Esta pregunta u objeción es muy antigua.

Todavía muchos & # 8216 creen que detrás de su fundación hay algún tipo de contrato. Hoy en día, casi todos los estados tienen constituciones escritas y pueden tratarse como contratos. Por tanto, un contrato social es un documento legal que se basa en el consentimiento y es legal.

Origen y desarrollo de la teoría del contrato social:

Del estudio de la historia llegamos a saber que el contrato social es bastante antiguo. En el Mahabharata (Shanti Parva) hay una clara referencia al contrato social y este Mahabharata fue escrito varios miles de años a partir de hoy.

En los días del Mahabharata en algunos lugares había anarquía que en esos días significaba el dominio de la jungla o idiomáticamente se usaba que los peces pequeños eran indiscriminadamente atacados y devorados por los grandes.

Para poner fin a esta anarquía se llegó a un acuerdo y todos fueron partes de este acuerdo. Esta es una forma de contrato social.

Varios estudiosos han afirmado que el origen del contrato social se remonta al siglo XI. Manegold de Lautenbach, después de estudiar muchas cosas, llegó a la conclusión de que existía un contrato entre el gobernante y el pueblo o gobernado. Es decir, el contrato se celebró entre solo dos partes.

Los historiadores han citado varios ejemplos de formas más antiguas de contrato social y una de ellas está en la escritura de un monje alsaciano. En el contrato se decía que en una sociedad habrá un gobernante que puede ser llamado rey.

El rey o la realeza es solo un título de oficina. Cualquiera que ocupe ese cargo puede ser llamado rey. Se llegó a un contrato entre el gobernante y el pueblo y simultáneamente se decidieron los términos del contrato.

El gobernante o quien podría llamarse rey administrará de acuerdo con los términos establecidos en el contrato. No puede ser un tirano violando los términos acordados por ambas partes.

También se establecía en el contrato & # 8220 él gobierna y gobierna de acuerdo con la razón justa, da a cada uno lo suyo, protege el bien, destruye al malvado y administra justicia a todos. & # 8221 Por lo tanto, es bastante claro que es el deber principal del gobernante es proteger a sus súbditos de todo tipo de situaciones extrañas y cualquier tipo de ataque.

A tal efecto, se firmó el contrato y se creó el cargo de gobernante o rey. “Pero si viola el contrato en virtud del cual fue elegido, perturbando y confundiendo lo que se estableció para poner en orden, entonces la gente es justa y razonablemente liberada de sus obligaciones de obedecerle”..

Ésta es la versión más realista de la teoría del contrato social en lo que respecta al origen. No hay rastro de Dios, religión y divinidad. El gobernante gobernará siguiendo el derecho y cualquier tipo de aberración se asociará con las obligaciones del pueblo para con el gobernante.

Si pasamos por los numerosos aspectos políticos, sociales y de otro tipo de la Edad Media, especialmente del siglo XIV, nos encontraremos con la existencia de una forma embrionaria de contrato social.

Manegold, en su idea de contrato, hablaba de un gobernante, las obligaciones del sujeto para con el gobernante y el predominio de la razón correcta. Pero en el siglo XIV Engelbert pensó que existía algún tipo de contrato y la sociedad se gobernaba de acuerdo con los términos del contrato. Pero en el concepto propagado (o elaborado) por Engelbert encontramos una nueva idea que es la autoridad política.

En otras palabras, el contrato fue hecho por diferentes partes (así creía Engelbert) para establecer una autoridad política. No solo esto en la versión de Engelbert & # 8217s, el estado o la autoridad política se originó a partir de este contrato.

& # 8220Todos los reinos y participaciones se originaron cuando los hombres siguiendo la naturaleza y la razón eligieron un gobernante y se comprometieron a la obediencia en un & # 8220 contrato de sujeción & # 8221 (pact ism subjecsonis), hecho para ser gobernados, protegidos y preservados & # 8221 Si nosotros Si estudiamos detenidamente la versión del contrato social de Engelbert, encontraremos que él imaginó dos etapas de la sociedad: una es prepolítica o presocial y la otra es política, que nació después del contrato social.

Un aspecto interesante de la teoría del contrato de Engelbert es que fue el primero en enunciar una idea destinada a una larga carrera, lo que más tarde se llamaría el contrato original. Esto implica que posteriormente la gente formó otro contrato. Pero el contrato original fue la fuente de organización política y autoridad política.

El concepto de contrato social recibió más estímulo en el siglo XVI. Mario Salamonio, jurista romano, centró su atención en el contrato social. Pero vio toda la idea desde un punto de vista religioso.

Originalmente no existía una organización política como lo es hoy. Quizás Salamonio estaba pensando en el estado de naturaleza. Pero enfatizó que Dios había creado a todos los hombres y mujeres iguales y Su intención era que todos disfrutaran de los mismos privilegios. Pero posteriormente la gente sintió fuertemente la necesidad de establecer un reino u organización política para el mejoramiento general de la gente. Salamonio pensó que esto podría hacerse mediante contrato. Salamonio era un jurista romano y, naturalmente, lo veía todo en el contexto del derecho romano.

En el derecho romano, la organización política se llamaba generalmente civilis societas, que significa sociedad de asociación. & # 8220Así, para Salamonio, la sociedad política o civil es una asociación entre ciudadanos individuales creada por contrato entre ellos & # 8230 Los términos del contrato son las leyes del estado, sin las cuales ningún estado puede existir y que son vinculantes para todos sus miembros, incluido el príncipe o el gobernante & # 8221.

En manos de Salamonio la idea de contrato recibió un mejor tratamiento y asumió una forma moderna incompleta.

Contribuyentes de la teoría del contrato social:

Reforma, Vindiciae, Hugonote:

De la historia llegamos a saber que el movimiento de Reforma fue principalmente un movimiento y un rechazo contra la mala administración y las funciones irreligiosas de la iglesia. Pero durante el largo curso del movimiento liberó ciertos conceptos básicos de política y la teoría del contrato social es uno de ellos.

Los calvinistas (de la Reforma) en la década de 1550 creían que existía un pacto o contrato no escrito en todas las sociedades y era deber tanto del gobernante como de los gobernados obedecer los términos y condiciones de estos pactos.

& # 8220Luther y Calvin enfatizaron la idea de un pacto entre Dios y el pueblo & # 8221. Pero al rey y a los funcionarios superiores se les confió la responsabilidad de llevar a cabo la orden de Dios y actuar de acuerdo con los términos del pacto. Pero si hubo algún desorden y transgresión a gran escala y también la violación de las reglas básicas del pacto, las personas deben tener derecho a protestar por la violación o transgresión.

Calvino & # 8217s idea del pacto relacionado con los Diez Mandamientos y timidez del Nuevo Testamento. Skinner dice & # 8220 Dado que Calvino creía que en cada caso la esencia del pacto consistía en un acuerdo para obedecer los Diez Mandamientos y las vergüenzas, continuó enseñando que debe ser posible en cualquier momento para un grupo de hombres piadosos reafirmar formalmente sus obligaciones contractuales. relación con Dios & # 8221 De esto parece que la teoría del contrato o del pacto jugó un papel muy importante en el movimiento de la Reforma ”.

Las vindiciae contra tyrannos se publicó en 1579. Fue un pequeño pero muy poderoso panfleto que propagó el antimonarquismo en la segunda mitad del siglo XVI.

La traducción al inglés del folleto es una Defensa de la libertad contra los tiranos. Este pequeño libro contiene muchas ideas explosivas cuya idea central es que el rey no tenía un poder absoluto. Pero su contribución más notable (para el presente propósito) es que contiene la idea central de la teoría del contrato social.

Podemos recordar la opinión de Sabine:

& # 8220 En su esquema principal, la teoría de vindiciae tomó la forma de doble pacto o contrato. En primer lugar, hay un contrato en el que Dios es una parte y el rey y el pueblo conjuntamente es la otra parte & # 8230. En segundo lugar, hay un contrato en el que las personas aparecen como una parte y el rey como la otra. Este es específicamente el contrato político por el cual un pueblo se convierte en un estado, el rey está obligado por este acuerdo a gobernar bien y con justicia & # 8221. The vindiciae es una afirmación explícita de la famosa teoría del contrato social.

Lessnoff hace la siguiente observación sobre la contribución de las vindiciae a la teoría del contrato social. He says: “The vindiciae is interesting both for what is old in it and for what is new. Junius Brutus reiterated the existence of a contract mutually obligatory between the king and his subjects who require the people to obey faithfully and the king to govern lawfully”. The vindiciae wants to assert that the king had no scope to act or govern the state whimsically, he is bound by the conditions of the contract.

If the prince violates the faith or any part of the contract people will have right to withdraw obligations. In the sixteenth century the vindicial made a remarkable contribution to the antimonarchical movement and in order to strengthen the agitation the covenant theory was strongly emphasized. From vindiciae we obtain a few important threads of modern political theory and social contract theory is by far the most important of them.

The St. Bartholomew Massacre of 1572 opened the floodgate of several political and non-political issues. In this inhuman massacre more than two thousand Huguenots of Paris were brutally murdered.

The Huguenots belonged to different religious faith and that was their “Unpardonable sin.” The Huguenots and their spokespersons tirelessly propagated that every religious faith had the right to hold and propagate that faith peacefully.

They further said that it was the duty of the king (or queen as might be) to protect every religious faith from the wrath and displeasure of an opposite faith. It is the constitutional duty of the authority. It is a type of contract. The authority will protect every religious sect and, in exchange of that, the sect will release obligation to the authority.

The Huguenot writers particularly Hotman said that the ruler even the heredi­tary ruler, had no right to deny its responsibility towards people. Its right to rule depends upon the tacit consent of the general public. Political authority is derived from “immemorial practices inherent in the community….the consent of the people, expressed in such practices, is the rightful basis of political power, and the Crown itself derives its authority from its legal position as an agent of the community”.

The Huguenot writers wanted to emphasis that the king had no arbitrary authority, he must share his powers with the people of the society and, if he does this, people will show their obligation. This is the basic principle of contract theory and it is unfortunate that the French Government did not follow this basic principle.

The Huguenot writers were at pain to note that the French government showed no respect to the immemorial practices and its respon­sibility to protect citizens.

Otros colaboradores:

Althusius was the important contributor to the social contract theory. The contract theory, according to Sabine, figured in his analysis in two ways. He believed that there was a relationship between the ruler and the ruled or subject people.

He calls it the political role of the ruler. Again, in the view of Althusius, there exists a sociological role of the ruler. Sabine calls the first role as the political one and it is related to the contract of the government.

The sociological role implies there is a tacit agreement between the government and the people as well as among the people themselves. A large number of people reside in a society and, according to Althusius, they are bound by contract and by virtue of it they form a community. Long ago Aristotle spoke of this type of community.

Sabine says that Althusius thought of several contracts that existed in society and all the people were bound by the terms of the contract.

“The most important aspect of Althusius’s theory was that he made sovereignty reside necessarily in the people as a corporate body.” People as a body create law and the authority rules according to that law. Naturally the authority had hardly any opportunity to go against the law of the people.

It is a type of popular sovereignty and the foundation is the contract. We think that Althusius’s political theory is based on social contract and Sabine is right when he says that Althusius’s political ideas are based on one idea or concept which is political and social relationships are guided by a single view and it is principle of consent or contract. The contract binds both the rulers and the ruled.

Samuel Pufendorf (1632-1694) was a seventeenth century jurist who supported the social contract as the basis of state or political society. From his writings we come to know that he thought of a double contract.

There was a first contract which founded a state or political community. But to him a mere foundation of a political community was not all. It must be well-administered and serve the purposes of the members and, for that purpose, a second contract was necessary which would make provision for a ruler.

“On the whole, to join a multitude, or many men, into one compound person, to which one general act may be ascribed.” In ancient Indian literature there are traces of contract as the basis of state.

Ram Sharan Sharma in his noted work Aspects of Political Ideas and Institutions in Ancient India makes the following observation:

“The first faint traces of the contract theory of the origin of the state are to be found in two Brahmanas, which refer to the origin of kingship through election among the gods on account of the compelling necessity of carrying on successful war against the asuras. Although the contract theory of the origin of the state is anticipated by early brahmanical literature, the first clear and developed exposition of this theory is found in the Buddhist canonical text Digha Nikaya, where the story of creation reminds us of the ideal state of Rousseau followed by the state of nature as depicted by Hobbes”.

We thus see that in both West and East social contract was thought as a basis of state creation. But the difference is in the West the theory was very popular and widely conceived. In the East it was sporadically used.

Modern Version of the Social Contract Theory:

The revival of social contract theory in recent decades—specifically from the seventies of the last century—is astounding. Some people began to interpret it as the origin of utilitarianism because in their opinion people began to feel that well-organized and well-ordered state is far better than anarchical state that is the state of nature.

Many critics challenge the very historicity of social contract as the source or origin of state. But still they regard that in the process of evolution of state its importance is undeniable. It is believed that there existed at certain period of time anarchical situation and, in order to get rid of it, people laid the foundation of modern political organisation.

The most remarkable version of social contract theory has been provided by John Rawls in his “A Theory of Justice”.

“More recently, social contract theory has been explicitly and self-consciously revived by the leading political philosopher of our day, John Rawls. Largely thanks to Rawls, social contract theory is now again a major focus of systematic and original political thought”.

Lessnoff says that the social contract is even more current. He cites an example. The British Labour Party in an election manifesto talked of social contract in different form. The manifesto said that in order to save the nation from the crisis a type of social contract was needed.

It meant contract or agreement among different groups or parties. The purpose of the contract was to reach agreement which would save the nation from a number of economic crises. In every aspect of our social, political and economic life there is immense importance of social contract.

Agreement is to be reached to find out ways of how to come out of various crises. The contract may not be in Hobbesian or Lockean way or formula, but contract is found.

John Rawls’ A Theory of Justice was first published in 1971 and its revised edition in 1999. He says – “My aim is to present a conception of Justice which generalizes and carries to a higher level of abstraction the familiar theory of social contract as found, say in Locke, Rousseau and Kant”.

Rawls has not used the social contract in its original form or the entire concept. But he adopts only some relevant portions for the analysis of justice as fairness. John Rawls is the pro-pounder of the Justice Theory and he has said that certain aspects of social contract may serve his purpose.

“The guiding idea is that the principles of justice for the basic structure of society are the objects of the original agreement”. Rawls has assumed that the architects of the contract were “free and rational” persons.

They started their activities from an original position and in that position all were equal. That is the starting point. After that they began to decide principles and formulate policies for further steps and actions.

The main purpose is that all the future actions must be taken in a manner so that none will be in a disadvantageous position. That is, no one will suffer injustice. Rawls wants to say that at the initial position people will decide certain principles which may be called fundamental principles and these will “regulate all further agreements.”

Rawls is sure that in this way justice can be established in society. To use his language “This way of regarding the principles of justice I shall call justice as fairness”. Even Dr. Amartya Sen supports the approach (justice through social contract).

He says in his The Idea of Justice “Even though the social contract approach to justice initiated by Hobbes combines transcendentalism with institutionalism, it is worth noting that the two features need not necessarily be combined”.

Rawls further observes In justice as fairness the original position of equality corresponds to the state of nature in the traditional theory of the social contract. This original position is not thought as an actual historical state of affairs. It is understood as a purely hypothetical situation characterized so as to lead to certain conception of justice”.

Rawls also refers to state of nature on another ground and it is “veil of ignorance.”

He says that the state of nature can be regarded as embodiment of “veil of ignorance” because the residents of state of nature had no clear idea of contract, civil society, government administration etc.

Naturally, it was quite easy for the architects of contract to start from a position. One very powerful plus point is when the builders of the contract started from state of nature there did not arise any question of advantage or disadvantage.

“The Rawlsian contract is a hypothetical contract, but with a difference…. Rawls’s innovation has been to adapt contract theory to the problem of conflicting interests. To resolve conflicting interests in a way that adequately protects the interests of all is to ensure justice. Hence Rawls’s contract theory is a theory of justice”.

Robert Nozick in his Anarchy State and Utopia has whole­heartedly supported Rawls idea of justice based on contract. But he has advanced a step. Nozick feels that for the proper realization of justice at first what is required is institutionalization of society and, to achieve this end, a scheme like contract is essential.

All these clearly reveal that a theory which was first imagined several centuries ago has found its revival and this revival is quite interesting.


What Was John Locke's Theory on Social Contract?

John Locke's social contract theories differed in one key aspect from others. Locke felt that mankind's natural state was of freedom and individuals entered into a contract with other people to ensure that freedom.

The Basis of Early Social Contract Theories The concept of a social contract started with the Greek philosopher Socrates. Socrates believed that the tenets of modern society were based on the laws created to govern that society. Those who chose to stay within such a society, after they were old enough, should follow the laws of that society, or else expect to suffer the consequences for breaking those laws. This, in turn, helped perpetuate a lawful society where its citizens were bound by the law but could expect certain benefits for observing those laws.

John Hobbes is another philosopher, who lived in 15th-century England during the English Civil War. It was Hobbes's belief that although all members of a society were created equal, people within that society must subject themselves to the monarchy in order for that society to survive. Hobbes believed in the hypothetical state of nature, which states that individuals operate in a state of self-interest, which can quickly lead to death for many individuals as others took what they wanted with no regard to the rights of others. To avoid this, individuals sought to create a civil society to avoid this state. The civil society demanded that the individual subject themselves to rule by one person, or a group of people, who they invested with the power to enforce the laws of society, thus ensuring that society continued to exist.

Where Locke's Social Contract Theory Differed Like Hobbes before him, Locke believed in rule by the monarchy as a means to establish and enforce social order. Where he differed was in his view of the state of nature. According to Locke, the state of nature while prepolitical, was not premoral. Locke further believed that the Law of Nature, which governs nature and its morality, commanded that members of society did no harm to others in regard to their life, liberty, health or possessions. In Locke's view, the state of nature was, in fact, a state of liberty, where all members of society had the right to pursue their own interests. By subjecting themselves to a social contract with the rulers they appointed in a lawful society, individuals ensured that they retained the freedoms that they so cherish.


America’s Social Contract Is Broken

So little has changed. Nearly 30 years have passed since the Los Angeles riots, and yet we find ourselves in a near-identical situation: a black man brutalized by police the incident caught on camera, extinguishing any doubt that a horrendous crime has been committed then an eruption of violence, fueled not only by the crime itself but by a long history of racial discrimination. Observers in both cases split into two camps: those who sympathize with rioters who have been terrorized by police and abandoned by their government and those who are calling them criminals and demanding that peace be restored. Even the attorney general who oversaw the Justice Department’s response to the Los Angeles riots occupies that office today.

There are differences between then and now, between Los Angeles in 1992 and Minneapolis in 2020—the greatest being that the Minneapolis riots, which have since spawned anti-police protests in cities across the country, occurred amid a deadly pandemic. This cannot be mere coincidence. People are frustrated, trapped in their homes, eager to bust out. “They’re in a different space and a different place,” Keith Ellison, Minnesota’s attorney general, told The New York Times. “They’re restless.” African Americans have had a particularly tough time of it. As Keeanga-Yamahtta Taylor wrote for the Veces, “The coronavirus has scythed its way through black communities, highlighting and accelerating the ingrained social inequities that have made African Americans the most vulnerable to the disease.” To douse salt in the wound, black people are far more likely to be arrested for supposed infractions of pandemic safety protocols.

But there is a sense that the protests are tapping into a more ambient anger. There is a sense, too, that the appropriate precedent for the coronavirus pandemic isn’t, say, the “Hong Kong flu” of 1968 (which killed some 100,000 people in the United States) but the utter collapse of society that occurred in convulsions like the Los Angeles riots. The spasms of violence we saw in Minnesota and elsewhere, this collective scream of rage, is what happens when the social contract between citizens and their government is so thoroughly, irredeemably broken.

There are other, telling differences between the 1992 riots and the ones we see today. In Los Angeles, the riots began después the officers who brutally beat Rodney King were acquitted by a jury. It’s almost quaint the way people expected that justice might actually be served, that genuine change might come for America’s pathologically violent police forces. In Minneapolis, though the officers were quickly fired and George Floyd’s killer was charged with murder, the protesters didn’t bother to wait for a trial, because what would a trial do? What have all the other trials, as well as all the other videos of blatant police brutality, done? They certainly didn’t save the life of George Floyd. We have learned, as William Gaddis once wrote, that “you get justice in the next world, in this world you have the law.”

In 1992, George H.W. Bush was president, presiding over a Republican Party that had not yet divested itself of all decency and common sense. While Bush condemned the rioters in Nixonian law-and-order fashion, insisting that their actions were “not about civil rights” and that the authorities would use “whatever force necessary” to bring them to heel, he expressed shock and sorrow that King’s assailants were not found guilty. He also vowed to address the “underlying” issues that had amassed in Los Angeles like so much dry tinder. “We know there is police brutality,” then–Attorney General William Barr said. “It’s reprehensible.”

It could be argued that Donald Trump has, in his vulgar way, performed a similar two-step, describing Floyd’s death as “sad and tragic,” while attacking the protesters as an anarchic mob. But in the perfectly cursory tone of his condolences, and in the glee with which he has advocated a crackdown on the protests, he has really made no concessions to the awful reality under which African Americans in Minneapolis and elsewhere live. He has called the protesters “THUGS” and, echoing the arch-segregationist George Wallace, threatened that “when the looting starts, the shooting starts.” He has blamed the chaos on “Liberal Governors and Mayors,” who, he says, must get “MUCH tougher” on crowds. Current Attorney General William Barr, meanwhile, has delegitimized the protests by claiming that they have been “planned, organized, and driven by anarchic and far-left extremist groups using antifa-like tactics.”

These people obviously do not care about what is going on in this country. It has become a commonplace to describe America as a failed state, but I’m not sure that term quite captures what is happening here, this strange combination of decadence and suffering. It is not just that the federal government is doing almost nothing to address the pandemic, relying instead on the bluntest of measures—an economy-destroying lockdown—and praying schools and businesses will reopen in time for the election in November. It is not just that the pandemic has exposed every institution in American life, including the once-esteemed Centers for Disease Control and Prevention and the U.S. military, as being hopelessly incompetent. It is the wanton greed and corruption on display: the insider trading by U.S. senators (and their subsequent exoneration by Barr’s Justice Department) the wealthy hospitals with venture capital funds that are pocketing aid from Congress while poorer hospitals struggle (did you even know that hospitals had venture capital funds? I didn’t) the large chains gobbling up small business loans from a program that is too poorly designed and inadequately funded to help many actual small businesses. Meanwhile, the unemployment insurance programs of many states are so sclerotic from decades of official contempt for those who have been left behind by the market system that people who have lost their jobs have to go through insane hoops just to get a modest amount of assistance.

So much wealth, so many resources, and yet so little help. It is every person, every family, for themselves. As my colleague Osita Nwanevu has written, “We do not have a country.” There may be solidarity among discrete groups there may be common feeling between like-minded people who, to name one example, agree to wear masks or shelter in place for the benefit of everyone. But it is not enough, not for a pandemic. It is difficult to describe the feeling of helplessness this engenders—its vastness, the crushing weight of it. Even if we know, on an intellectual level, that government is broken, that our society’s privileges extend only to a lucky few, that no one is going to save us, it is another thing entirely to feel it as soon as you wake up in the morning. The surreal drift of the quarantine era, its never-endingness, is the essence of our political situation.

But others have always lived with this feeling, and they sense it most acutely in their interactions with the most conspicuous representatives of the state: the police. The police, at long last, have shed the adulatory glow they enjoyed in the years after September 11. (It is hard to believe now, but The Strokes even dropped their song “New York City Cops” from their 2001 album, Is This It, because it contained the laughably innocuous line that “they ain’t too smart.”) In urban areas throughout the country, the police have proven themselves to be corrupt and violent, impervious to reform, and hostile toward both the citizens they are supposed to protect and the politicians who dare to criticize them. They are, naturally, an important constituency for Donald Trump. But it must be said that Democratic politicians are as much to blame for this rotten state of affairs as anyone, as well as voters who are willing to accept the regular unnecessary deaths of minorities as long as it keeps their cities “safe.”

And what have the cops done for us in this time of crisis? It is the nurses and doctors and EMTs who have been at the front lines of the pandemic and who are celebrated every night at 7 p.m. with hoots and applause and banging pans. In New York, when the cops are not defying the open streets program in order to fill up on bagels, they are arresting mostly African Americans for flouting lockdown guidelines. When I drive through the eerily empty spaces of Manhattan, I see the police idling in groups, often maskless, while the homeless eddy about the streets. I see them patrolling Prospect Park, scolding people through their Robocop megaphone, rolling past the graffiti that says, “Cops Are the Pandemic.” And now they are beating up protesters. Yet while this city faces austerity cuts to deal with the cost of the pandemic, including to health care of all things, the police department will no doubt be spared the brunt of the damage.

When I watch President Bush’s 1992 address to the nation about the Los Angeles riots, what strikes me is his unshakeable confidence, his optimism. The violence would pass so, too, would the hatred it unleashed, in America’s long but steady march toward progress. “None of this is what we wish to think of as America,” he said. “It’s as if we were looking in a mirror that distorted our better selves and turned us ugly. We cannot let that happen.” He also said, “In a civilized society there can be no excuse—no excuse—for the murder, arson, theft, and vandalism that have terrorized the law-abiding citizens of Los Angeles.” I agree, but the sorry fact is that we do not live in a civilized society. What I admire about the protesters is that they still have enough belief in this country to demand one.


The contract

  1. These conditions were really intolerable and thus men longed for peace and security of life and property.
  2. To escape from the misery and horror they entered into a contract among themselves to form a civil society.
  3. By mutual covenant they agreed to surrender their natural rights into the hands of a common superior and obey his commands.
  4. The person or assembly of persons to whom they surrendered their natural rights became Sovereign and the individual, who agreed to submit to the authority of the Sovereign became his subject.
  5. The Sovereign was not a party to the contract. The authority of the Sovereign was final and irrevocable.

What is the American Social Contract?

Why is the American Social Contract everything? It is the totality of the spoken and unspoken, written and unwritten foundational concepts that underlie the relationships and responsibilities of citizen to citizen and government to citizen. It includes rights, duties, benefits, and laws. The Constitution is the essential legal document of this social contract.

Why is the American Social Contract in collapse? We owe our fellow citizens decent, respectful, and lawful treatment regardless of skin color or national background. The laws are meant to be applied equally regardless of position, career, fame, wealth, or lack of any of those. Public service is certainly a worthy path that often results in fame for good or ill however, when it results in wealth and fortune the people are necessarily and reasonably concerned. Security for our persons, our territory and our people, and friends and interests abroad is guaranteed in the social contract much of our tax burden supports the government in these efforts. When the laws that secure our territory are not enforced when our fellow citizens are at risk at home and abroad when criminals and fanatics make war upon us and the government does not respond effectively in word and deed the people are necessarily and reasonably concerned. When those planning and implementing economic policy consider the needs of those outside this social contract as more influential than the needs of those within it the people are necessarily and reasonably concerned. When national law and sovereignty is thought expendable and bendable by those elected government representatives who are empowered by their constituents to uphold and secure both -- the people are necessarily and reasonably concerned.

What is the purpose of the American Social Contract? The promises and obligations that exist between fellow citizens and their government are the foundations of the rule of law, economic stability, opportunity and prosperity, national safety, and a functioning and welcoming civil society built upon the cornerstone of the Constitution. Citizenship is an agreement to uphold these concepts and the statutes that support them. What does it mean to be a "good citizen?" Perhaps it is easier to understand the good citizen by defining its inversion the bad citizen is one who does not support the Social Contract and actively undermines it. How can the good citizen be rewarded in his/her citizenship when the Social Contract is in collapse? Secure it, foster it, defend it, uphold it - spread its obligations and benefits across the land from ocean to ocean.

We live in a time of historical reassessment national figures large and small are under a microscope of new analyses and reviews. We are vigorous and unforgiving and honest in our criticism of them, as we look back at their world through our modern eyes. We are vigorous and often harsh with each other now. Our friendships snap over politics and political positions. Ours is an open political culture -- we are not supposed to agree on every issue and in every matter. Thomas Jefferson told us in his first Inaugural Address, &ldquoLet us restore to social intercourse that harmony and affection without which liberty and even life itself are but dreary things.&rdquo

How can the American Social Contract be rescued and sustained? All Americans love their country. We all know that our Constitutional freedoms are special and superb we all know that we are lucky. All Americans are united in their desire that our just laws be applied fairly and with justice and failed laws rescinded. All Americans understand that our country is under grave threat from without and sometimes from within. Ours is not a &ldquodirect democracy,&rdquo that is we generally do not make law by a plurality of popular votes, though there are exceptions to this general rule. The desire for our American Social Contract to be enforced, to flourish, and to be defended is an almost universal one across all political divides during this extraordinary election. It is the duty of our elected officials to support and sustain this essential social contract.

What is to be done? The laws must be applied with equal vigor to the high and the low citizens must support the civil society and the Constitution by their forbearance and patience. The same vigor applied to reassessments of the past must also be applied to reviews and analyses of our present and potential leaders, our international partners and friends, our assumptions about the state of the world and how it is structured, our businesses and their managers, our colleagues, our friends and ourselves. The greatest challenge before us is to see problems, and face them head on, dedicated, and with courage, toward solutions.

Our American Social Contract is the foundational agreement between our government and ourselves, and between each one of us and our fellow citizens. It is the most important set of beliefs and concepts that together lead to beneficial change and to sustaining our way of life. Our American Social Contract is the foundation of our past, and our future, it is everything. Our American Social Contract is in collapse &ndash let us build it back up more solid, more stable, more respected, more revered than before.

What is the American Social Contract? Todo.

What has it been in recent memory? Collapsing.

What is it meant to be? Fundamental.

Why is the American Social Contract everything? It is the totality of the spoken and unspoken, written and unwritten foundational concepts that underlie the relationships and responsibilities of citizen to citizen and government to citizen. It includes rights, duties, benefits, and laws. The Constitution is the essential legal document of this social contract.

Why is the American Social Contract in collapse? We owe our fellow citizens decent, respectful, and lawful treatment regardless of skin color or national background. The laws are meant to be applied equally regardless of position, career, fame, wealth, or lack of any of those. Public service is certainly a worthy path that often results in fame for good or ill however, when it results in wealth and fortune the people are necessarily and reasonably concerned. Security for our persons, our territory and our people, and friends and interests abroad is guaranteed in the social contract much of our tax burden supports the government in these efforts. When the laws that secure our territory are not enforced when our fellow citizens are at risk at home and abroad when criminals and fanatics make war upon us and the government does not respond effectively in word and deed the people are necessarily and reasonably concerned. When those planning and implementing economic policy consider the needs of those outside this social contract as more influential than the needs of those within it the people are necessarily and reasonably concerned. When national law and sovereignty is thought expendable and bendable by those elected government representatives who are empowered by their constituents to uphold and secure both -- the people are necessarily and reasonably concerned.

What is the purpose of the American Social Contract? The promises and obligations that exist between fellow citizens and their government are the foundations of the rule of law, economic stability, opportunity and prosperity, national safety, and a functioning and welcoming civil society built upon the cornerstone of the Constitution. Citizenship is an agreement to uphold these concepts and the statutes that support them. What does it mean to be a "good citizen?" Perhaps it is easier to understand the good citizen by defining its inversion the bad citizen is one who does not support the Social Contract and actively undermines it. How can the good citizen be rewarded in his/her citizenship when the Social Contract is in collapse? Secure it, foster it, defend it, uphold it - spread its obligations and benefits across the land from ocean to ocean.

We live in a time of historical reassessment national figures large and small are under a microscope of new analyses and reviews. We are vigorous and unforgiving and honest in our criticism of them, as we look back at their world through our modern eyes. We are vigorous and often harsh with each other now. Our friendships snap over politics and political positions. Ours is an open political culture -- we are not supposed to agree on every issue and in every matter. Thomas Jefferson told us in his first Inaugural Address, &ldquoLet us restore to social intercourse that harmony and affection without which liberty and even life itself are but dreary things.&rdquo

How can the American Social Contract be rescued and sustained? All Americans love their country. We all know that our Constitutional freedoms are special and superb we all know that we are lucky. All Americans are united in their desire that our just laws be applied fairly and with justice and failed laws rescinded. All Americans understand that our country is under grave threat from without and sometimes from within. Ours is not a &ldquodirect democracy,&rdquo that is we generally do not make law by a plurality of popular votes, though there are exceptions to this general rule. The desire for our American Social Contract to be enforced, to flourish, and to be defended is an almost universal one across all political divides during this extraordinary election. It is the duty of our elected officials to support and sustain this essential social contract.

What is to be done? The laws must be applied with equal vigor to the high and the low citizens must support the civil society and the Constitution by their forbearance and patience. The same vigor applied to reassessments of the past must also be applied to reviews and analyses of our present and potential leaders, our international partners and friends, our assumptions about the state of the world and how it is structured, our businesses and their managers, our colleagues, our friends and ourselves. The greatest challenge before us is to see problems, and face them head on, dedicated, and with courage, toward solutions.

Our American Social Contract is the foundational agreement between our government and ourselves, and between each one of us and our fellow citizens. It is the most important set of beliefs and concepts that together lead to beneficial change and to sustaining our way of life. Our American Social Contract is the foundation of our past, and our future, it is everything. Our American Social Contract is in collapse &ndash let us build it back up more solid, more stable, more respected, more revered than before.


Ver el vídeo: : Οι θρησκευτικές πεποιθήσεις των Ελλήνων ευθύνονται για τους θανάτους


Comentarios:

  1. Tunleah

    Lógico

  2. Karamar

    Excusa para eso interfiero ... pero este tema está muy cerca de mí. Está listo para ayudar.

  3. Eachan

    Es una lástima que no pueda hablar ahora, no hay tiempo libre. Pero seré libre, definitivamente escribiré lo que pienso.

  4. Shakalkree

    Bravo, acabas de tener un pensamiento brillante.



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